Hábitos que pueden deteriorar una relación matrimonial
Santo Domingo, RD.- Los matrimonios no siempre terminan por una infidelidad, una discusión explosiva o un acontecimiento que cambia la relación de un día para otro.
En ocasiones, la ruptura comienza mucho antes, con pequeños comportamientos cotidianos que van debilitando la confianza, la intimidad y el compromiso entre dos personas.
Entre estos factores, los psicólogos citan que la falta de comunicación, el distanciamiento afectivo, los reproches constantes y la ausencia de proyectos compartidos pueden convertir una relación en una convivencia marcada por las responsabilidades, pero carente de conexión emocional.
La investigación científica sobre las relaciones de pareja ha identificado varios de estos comportamientos como factores asociados con la insatisfacción matrimonial y el riesgo de separación.
El psicólogo estadounidense John Gottman, reconocido por sus estudios sobre estabilidad conyugal, ha dedicado décadas a analizar las dinámicas que deterioran las relaciones, prestando especial atención al desprecio, las críticas destructivas, la actitud defensiva y el bloqueo de la comunicación.
Sin embargo, advierte que, ningún comportamiento determina por sí solo el final de un matrimonio, sino que existen señales que conviene reconocer antes de que el distanciamiento se vuelva permanente.
1. Dejar de tener intimidad
Uno de los primeros cambios que pueden experimentar algunas parejas cuando comienzan a distanciarse es la disminución del contacto físico y afectivo. Dejan de buscarse, besarse, abrazarse o acariciarse espontáneamente.
La actividad sexual puede convertirse en una obligación o desaparecer de la relación. Mientras tanto, las muestras de cariño pierden frecuencia y ambos comienzan a sentirse menos deseados.
Olvidan que la intimidad no se limita al sexo. También comprende la confianza, la complicidad, la cercanía emocional y la sensación de sentirse querido y elegido por la pareja.
La investigación de John Gottman destaca la importancia de las interacciones positivas y de las pequeñas expresiones cotidianas de afecto para mantener una relación satisfactoria.
Aclara que cuando estas desaparecen, la convivencia puede transformarse en una rutina entre dos personas que comparten una habitación, pero no una vida.
2. Comenzar a vivir cada uno por su cuenta
El matrimonio implica compartir decisiones, responsabilidades y proyectos. Sin embargo, cuando cada integrante comienza a organizar su vida sin tomar en cuenta al otro, la relación puede perder progresivamente su sentido de equipo.
Los matrimonios en crisis comienzan a realizar compras importantes sin consultar, toma decisiones que afectan a ambos o planifica su futuro sin incluir a su pareja.
También sucede cuando desaparecen los objetivos comunes y cada persona comienza a invertir sus esfuerzos exclusivamente en sus propios intereses.
Una pareja puede construir una casa, adquirir bienes y cumplir responsabilidades económicas, pero eso no garantiza que esté construyendo un futuro en común.
3. Perder el respeto durante las discusiones
Las diferencias son inevitables en cualquier matrimonio. El problema no está en discutir, sino en la manera en que se enfrentan los desacuerdos.
Gritarse, insultarse, ridiculizar al otro o utilizar sus defectos para hacerle daño puede convertirse en una práctica habitual. Incluso algunas parejas llegan a hacer comentarios humillantes delante de familiares y amigos.
El investigador John Gottman identificó el desprecio como uno de los comportamientos más destructivos para las relaciones. Asegura que puede manifestarse mediante burlas, sarcasmos hostiles, gestos de superioridad y expresiones que descalifican a la otra persona.
Gottman y sus colaboradores estudiaron cómo determinados patrones de interacción se relacionaban con la estabilidad o la ruptura de las parejas.
Estar en desacuerdo no significa perder el respeto. Una relación saludable permite expresar diferencias sin recurrir a la humillación ni convertir cada discusión en un ataque personal.
4. Convertir el matrimonio en una competencia
«Yo trabajo más que tú», «yo pago más cosas», «yo hago todo en esta casa». Cuando las conversaciones comienzan a girar constantemente alrededor de quién aporta más, la relación puede convertirse en una competencia agotadora.
En lugar de reconocer los esfuerzos de ambos, cada integrante intenta demostrar que su contribución es superior y que el otro tiene una deuda pendiente.
Ese comportamiento alimenta los resentimientos y debilita la cooperación. Además, puede hacer que las responsabilidades económicas, domésticas y familiares se conviertan en motivos permanentes de conflicto.
La psicología de pareja destaca la importancia de percibirse como compañeros frente a las dificultades. El matrimonio no debería funcionar como una contabilidad de sacrificios, sino como una alianza en la que ambos reconocen sus aportes y buscan soluciones.
5. Dejar de apoyar los sueños y proyectos del otro
El apoyo emocional también desempeña un papel importante en la satisfacción matrimonial.
Una persona puede llegar emocionada con una idea, un proyecto profesional o una oportunidad para cambiar su vida. Sin embargo, en lugar de encontrar comprensión, recibe comentarios como «eso no va a funcionar», «otra vez estás inventando» o «estás perdiendo el tiempo».
Cuando estas respuestas se repiten, puede comenzar a ocultar sus aspiraciones y dejar de compartir sus proyectos.
La investigación de los psicólogos Shelly Gable y sus colaboradores sobre las respuestas de las parejas ante acontecimientos positivos destaca la importancia de responder de manera activa y constructiva cuando el otro comparte una buena noticia o una ilusión.
No significa estar de acuerdo con todas las decisiones, sino demostrar interés, escuchar y reconocer las aspiraciones de la pareja.
Cuando una persona siente que sus sueños son constantemente minimizados, puede terminar buscando apoyo emocional fuera de la relación.
6. Dejar los problemas sin resolver
Discutir y pasar varios días sin hablarse, evitar determinados temas por miedo a otra pelea o pedir perdón sin modificar el comportamiento son señales de una comunicación deteriorada.
Algunas parejas confunden el silencio con la solución de los conflictos. Sin embargo, dejar de discutir no significa necesariamente haber resuelto las diferencias.
Los problemas que no se conversan pueden transformarse en resentimientos acumulados y reaparecer durante futuras discusiones.
Las investigaciones de Gottman sobre las relaciones matrimoniales resaltan la importancia de la capacidad de reparar los conflictos. Esto incluye reconocer los errores, escuchar las preocupaciones del otro y encontrar acuerdos que permitan avanzar.
7. No compartir una visión de futuro
Las diferencias sobre los planes de vida también pueden generar tensiones importantes.
Uno quiere tener hijos y el otro no. Una persona desea ahorrar para comprar una vivienda, mientras la otra prefiere destinar sus ingresos a otros gastos. Uno quiere emprender, cambiar de ciudad o buscar nuevas oportunidades, mientras su pareja prefiere mantener las condiciones actuales.
No es necesario pensar igual en todos los aspectos para mantener un matrimonio. Sin embargo, resulta fundamental conversar sobre las decisiones que determinarán el futuro de ambos.
Las investigaciones sobre satisfacción y estabilidad matrimonial destacan la importancia de los valores compartidos, las expectativas y la capacidad de negociar objetivos comunes.
Aclara que cuando las diferencias fundamentales nunca se abordan, cada integrante puede terminar avanzando en una dirección distinta.
8. Dejar de compartir momentos y actividades
El trabajo, las cuentas, los hijos y las responsabilidades domésticas pueden ocupar prácticamente todo el tiempo de una pareja.
Las conversaciones quedan limitadas a asuntos pendientes, compromisos familiares y problemas económicos. Poco a poco, desaparecen las salidas, las actividades compartidas y los momentos destinados exclusivamente a disfrutar de la compañía del otro.
La pareja puede convertirse en un buen equipo para administrar la casa, pero dejar de funcionar como compañeros sentimentales.
Un estudio de los investigadores Arthur Aron y sus colaboradores, publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology, encontró que participar juntos en actividades novedosas y estimulantes podía aumentar la calidad de la relación en parejas que experimentaban cierto desgaste.
El hallazgo refuerza la importancia de salir de la monotonía y crear experiencias compartidas.
Recordar que no se necesitan grandes viajes o inversiones económicas. Una conversación sin distracciones, una caminata, preparar una comida juntos o recuperar una actividad que ambos disfruten puede contribuir a fortalecer la conexión.
Destaca que una relación no se mantiene únicamente por el compromiso adquirido al casarse. También requiere comunicación, respeto, reciprocidad, intimidad y disposición para enfrentar las dificultades.
Reconocer estas señales no significa asumir que un matrimonio está condenado al fracaso. Por el contrario, permite identificar comportamientos que pueden corregirse mediante conversaciones honestas, acuerdos y, cuando sea necesario, ayuda profesional.
